Lula da Silva anunció que designará centristas «pro-mercado» tras el crash económico y el «plan platita»
Récord de Morosidad e Insolvencia: Según datos de la consultora Serasa, casi 84 millones de personas y 9,3 millones de empresas registran deudas vencidas, comprometiendo los ingresos de 8 de cada 10 familias brasileñas.
El diagnóstico de los especialistas es lapidario. El reconocido economista Mauro Rochlin, de la Fundación Getulio Vargas, sentenció con contundencia: “Los tres grandes problemas de Brasil son el problema fiscal, el problema fiscal y el problema fiscal”, advirtiendo que la acumulación de pasivos es “una situación que puede muy rápidamente traducirse en una crisis económica”.

Este abismo financiero fue agravado por las promesas demagógicas del «plan platita» petista, que incluyeron el incremento del 15% al programa Bolsa Família, el transporte público gratuito los fines de semana, el aumento del salario mínimo por encima de la inflación, la ampliación de las becas Pé de Meia y una proyectada reforma tributaria que impondrá un IVA con una tasa efectiva del 28%.
Para colmo de males para el régimen socialista, cualquier intento de profundizar el modelo estatista chocará contra un Congreso dominado por la derecha. Con un Senado donde las fuerzas conservadoras controlan 49 escaños (frente a solo 16 de la izquierda) y una Cámara de Diputados con 388 legisladores derechistas, los líderes del Centrao, Davi Alcolumbre e Hugo Motta, impondrán un ferreo control sobre el presupuesto.
Ante este panorama, un ministro del gabinete ratificó en privado la inflexibilidad institucional: “Las cosas que no sucederán es la amnistía al ex presidente Jair Bolsonaro que deberá cumplir su condena de 27 años por golpismo”, añadiendo resignado sobre la marea conservadora: “El Congreso será un desafío pero Lula tiene experiencia en esas negociaciones. No estamos preocupados”. Sin embargo, la realidad de los mercados indica que al dictador socialista se le agota el tiempo para evitar la quiebra definitiva de Brasil.




