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Internacionales

Serbia decide su futuro: ni Moscú ni Bruselas votan por los serbios

Serbia irá a las urnas el 25 de octubre, pero en la boleta no figuran ni Vladimir Putin ni Donald Trump. Los serbios elegirán su Parlamento y, con él, el rumbo de su próximo gobierno. Parece una aclaración innecesaria. Sin embargo, buena parte de la discusión internacional insiste en presentar esa elección como otra batalla entre Rusia y Occidente.

Hay un dato que desarma ese relato desde el comienzo: la principal alternativa a Aleksandar Vučić tampoco propone sancionar a Rusia. La Lista Estudiantil ha defendido mantener esa posición, mientras que su cabeza de lista, el cardiólogo Ilija Srdanović, considera a Kosovo parte integral de Serbia.

Quienes esperan que una derrota del oficialismo convierta automáticamente a Belgrado en un gobierno alineado con Bruselas deberían revisar sus expectativas. Los serbios pueden querer reemplazar a sus gobernantes sin renunciar a sus intereses nacionales.

Ilija Srdanović, candidato al parlamento serbio en las próximas elecciones a celebrarse el 25 de octubre
Ilija Srdanović, candidato al parlamento serbio en las próximas elecciones a celebrarse el 25 de octubre

Vučić renunció a la presidencia en septiembre para buscar su regreso al cargo de primer ministro. Su futuro dependerá de la mayoría que consiga reunir en un Parlamento de 250 bancas. El Partido Progresista Serbio, conocido como SNS, enfrenta una elección que podría interrumpir catorce años de predominio político.

El desafío nació de una tragedia. El 1 de noviembre de 2024, el derrumbe de la marquesina de la estación ferroviaria de Novi Sad dejó dieciséis muertos. La estación había sido renovada recientemente. Las preguntas sobre las obras, los contratos y los controles públicos se transformaron en una exigencia de responsabilidades que terminó recorriendo el país.

Las investigaciones judiciales no desactivaron el malestar. Desde las universidades surgió un movimiento que sostuvo meses de protestas y acabó organizando una alternativa electoral. La oposición tradicional, incapaz de desplazar a Vučić durante años, encontró una competencia que también cuestiona su propio agotamiento.

Pero una movilización universitaria no obtiene un certificado de buen gobierno por llenar las calles. La Lista Estudiantil deberá demostrar que puede administrar un estado, acordar una política económica y mantener cohesionada una alianza de sensibilidades distintas. El rechazo a un dirigente sirve para organizar una protesta; difícilmente alcanza para gobernar un país.

Aleksandar Vučić renunció a la presidencia en Serbia para buscar un escaño en el poder legislativo
Aleksandar Vučić renunció a la presidencia en Serbia para buscar un escaño en el poder legislativo

Tampoco se trata de una lista compuesta únicamente por estudiantes. Incluye médicos, profesores, economistas, artistas y otros profesionales seleccionados a través del movimiento universitario. Srdanović, quien la encabeza, es profesor de medicina en Novi Sad. La etiqueta estudiantil explica su origen, pero no sustituye el examen de sus candidatos y propuestas.

Su programa reclama independencia judicial, control de los contratos públicos, menor interferencia partidaria en las instituciones y reformas de los medios estatales. Son demandas que deberán traducirse en decisiones concretas si alcanza el poder. La promesa de renovación también debe rendir cuentas.

En política exterior, en cambio, la continuidad resulta mucho más visible de lo que sugiere el entusiasmo de algunos observadores occidentales. La negativa a sancionar a Rusia y la defensa de la posición serbia sobre Kosovo atraviesan la división entre oficialismo y oposición.