ADN de 30.000 años muestra que los europeos de la Edad de Hielo estaban más conectados de lo que se creía

“El ADN sedimentario nos permite recuperar información genética de períodos en los que faltan restos humanos”, explicó Ron Pinhasi, autor senior del trabajo. Los datos muestran que esa ascendencia occidental se mantuvo en la región a través del Último Máximo Glacial, cuando las capas de hielo alcanzaron su máxima extensión. Esto respalda la idea de que la península ibérica actuó como un refugio clave para las poblaciones humanas durante las condiciones más extremas de la Edad de Hielo.
En el sur de Italia, el análisis de Ostuni1b, un feto masculino considerado hijo de la mujer conocida como Ostuni1, aportó otra pista. El padre pertenecía al mismo grupo ancestral que la madre, pero no estaban estrechamente emparentados. Esto sugiere prácticas de apareamiento que limitaban la endogamia dentro de esas comunidades.
En conjunto, los hallazgos demuestran que la continuidad regional a largo plazo y las conexiones genéticas a gran escala no se excluían mutuamente. Ambas dinámicas configuraron la historia poblacional de la Europa de la Edad de Hielo. El equipo ahora combina ADN de sedimentos con técnicas proteómicas para indagar las primeras expansiones de humanos modernos en el continente y sus interacciones con carnívoros en sitios donde los restos orgánicos son escasos.
La investigación aporta una visión más dinámica de las sociedades gravetienses: grupos capaces de mantener redes de contacto a través de vastas distancias y, al mismo tiempo, de preservar linajes locales durante miles de años de cambios ambientales extremos. La evidencia genética de Isturitz, El Mirón y otros sitios reescribe el mapa de las interacciones humanas en un continente cubierto de hielo.




