Reino Unido advierte sobre el espionaje chino y pide prohibir su tecnología en infraestructuras críticas
Las inversiones chinas también generan preocupación en Londres
El comité mencionó otros episodios que reflejan las dificultades del Reino Unido para establecer límites a la influencia económica china.
Uno de ellos fue el bloqueo de una inversión de 1.500 millones de libras para instalar una fábrica de turbinas eólicas de la compañía china Ming Yang. La operación terminó frenada por motivos de seguridad nacional que no fueron detallados públicamente.

También recordó la intervención estatal en British Steel, que terminó desplazando a sus propietarios chinos en medio de una disputa por el control de la compañía.
Para los legisladores, ambos episodios evidencian una política marcada por la falta de previsibilidad, la inconsistencia y la opacidad.
El documento propone establecer dos categorías para ordenar la relación económica con Beijing. Una denominada “zona roja”, que incluiría capacidades estratégicas que Reino Unido debe conservar bajo control soberano y fuera del alcance de inversiones chinas.
La segunda sería una “zona verde”, destinada a sectores en los que el comercio y la inversión podrían desarrollarse bajo controles específicos. Allí, el Gobierno debería respaldar a las empresas británicas mediante mejores condiciones de acceso a mercados, financiación para exportaciones y asistencia comercial.
El Gobierno defiende su relación con Beijing pese a las advertencias
Frente a las críticas, el Ejecutivo británico rechazó las conclusiones del comité y defendió su estrategia de relaciones exteriores y comerciales con China.
“Nuestro enfoque hacia China es coherente: cooperaremos cuando podamos y cuestionaremos cuando debamos”, respondió el Gobierno.
El debate refleja uno de los principales desafíos de seguridad para las potencias occidentales: cómo aprovechar las oportunidades comerciales con China sin permitir que su tecnología controle sectores esenciales de sus economías.
La advertencia del Parlamento británico vuelve a poner en primer plano los riesgos asociados a la dependencia tecnológica de Beijing y la necesidad de proteger las infraestructuras estratégicas frente a posibles amenazas externas.




