Tu forma de hablar podría revelar algo inesperado sobre tu salud: qué encontró la Inteligencia Artificial
Un nuevo reloj del habla con Inteligencia Artificial puede estimar la edad de una persona a partir de distintos patrones presentes en su manera de hablar.
La IA fue desarrollada mediante aprendizaje automático y fue evaluada en un estudio que incluyó a casi 3.000 adultos hispanohablantes.

Cómo funciona el reloj del habla con inteligencia artificial
La herramienta analiza cientos de patrones del habla y el lenguaje para calcular la edad cronológica estimada de una persona.
Para desarrollarla, los investigadores entrenaron un modelo de aprendizaje automático con esas características y las edades reales de los participantes.
Luego compararon la edad estimada por la inteligencia artificial con la edad cronológica. A esa diferencia la denominaron “brecha de edad del habla”.

El estudio incluyó a casi 3.000 adultos hispanohablantes. Los resultados fueron publicados el miércoles 30 de septiembre en la revista Science Advances.
Qué relación encontró el estudio entre el habla y el deterioro cognitivo
Las personas cognitivamente sanas presentaron las menores diferencias entre su edad real y la estimada por el reloj del habla.

En cambio, quienes tenían deterioro cognitivo leve o demencia mostraron brechas mayores. Las diferencias más amplias aparecieron en personas con demencia frontotemporal con predominio del lenguaje.
Además, quienes tenían un habla estimada como más vieja obtuvieron peores resultados en pruebas de memoria, lenguaje y atención.
También presentaron mayores dificultades para realizar actividades cotidianas, según los resultados del estudio.

Qué mostró el análisis sobre el envejecimiento biológico
Los análisis de sangre mostraron una relación similar. Las brechas más grandes estuvieron asociadas con una mayor aceleración de la edad en tres relojes epigenéticos.
Estas herramientas estiman la edad biológica a partir de etiquetas químicas presentes sobre el ADN.

Los investigadores también observaron que las personas con un habla más envejecida tenían condiciones sociales y económicas menos favorables que otros participantes.




